Emociones y feminismo

 The anger, the anger that I felt about how being a girls seemed to be about what you shouldn’t do; the pain, the pain that I felt as an effect of forms of violence; the love, the love for my mother and for all the women whose capacity for giving has given me life; the wonder; the wonder, the wonder I felt at the way in which the world came to be organized the way that it is, a wonder that makes the ordinary as surprising; the joy I felt as I began to make different connections with others and realize that the world was alive and could take new shapes and forms; and the hope, the hope that guides every moment of refusal and that structures the desire for change with the trembling that comes from an opening up future, as an opening up for what is possible.

Sarah Ahmed (2004)

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Pensarnos suprimiendo las emociones y olvidando que vivimos encarnados en nuestros cuerpos ha sido una de las constantes seguidas por del pensamiento occidental, impregnando tanto nuestra forma de producir conocimiento, como nuestra forma de vivir los afectos. Dos aspectos, que a su vez no escapan a las jerarquías de género y tal y como trataré de mostrar, tienen unas consecuencias especialmente negativas en el caso de las mujeres y sexualidades no normativas.

Remontándonos al legado producido en la Grecia clásica, vemos que hace más de dos mil años Platón ya sostenía que el cuerpo era una prisión y una amenaza para el logro de un conocimiento puro. El cuerpo se veía como un obstáculo para alcanzar el mundo de las ideas, puro, objetivo y superior a la nebulosa de pasiones y deseos que reina cuando permanecemos en, lo que en la metáfora platoniana se denomina, la caverna. Ésta separación entre psique (alma) y soma (cuerpo), también llamada dualismo antropológico, ha sido heredada tanto por la religión cristiana y su dicotomía: espíritu-pureza / cuerpo-pecado, como por la tradición filosófica occidental, especialmente por la corriente racionalista, en que la razón se desencarna en una imposible y peligrosa búsqueda de la verdad, despreciando y suprimiendo nuestra corporeidad.

Esta dualidad, como muchos análisis feministas han destacado, también esconde una dimensión de género en que lo femenino, asociado a lo corpóreo y emocional, se devalúa frente a la razón y objetividad atribuidas a la masculinidad. Las mujeres son vistas como volubles y sensibles, incapaces de producir juicios sólidos, mientras los hombres deben negar la expresión de sus emociones, sobre todo aquellas consideradas menos masculinas: la tristeza, la ternura, el miedo etc., lo que además de moldear las relaciones de género en el espacio íntimo, tiene enormes consecuencias en la arena pública. La jerarquía de género entre razón y emoción se traduce en la dificultad real de las mujeres para ser tenidas en cuenta en la ciencia y, en general, la producción intelectual, además de producir un corpus científico impregnado de ideas machistas y androcéntricas que se perpetúan bajo el prestigio del pensamiento racional, objetivo y neutral.

No obstante, lo sospechoso de esta pretensión de neutralidad ha hecho que desde varias disciplinas se empiece a cuestionar si realmente podemos producir conocimiento alejadas de nuestro cuerpo, nuestro contexto social y el flujo de emociones que atraviesan nuestro ser. Thomas Khun ya advirtió en 1962, a través de su obra La estructura de las revoluciones científicas, de lo engarzadas que las teorías científicas están a las circunstancias históricas e ideológicas de sus protagonistas. A partir de la década de los 80 varias famosas teóricas feministas como Donna Haraway, Sandra Harding, Alison M.Jaggar y Londa Schiebinger, entre otras, han criticado el androcentrismo, racismo y clasismo que la supuesta ‘neutralidad científica’ lleva implícita, proponiendo que, en lugar de situar la ciencia fuera de cualquier contingencia social, se explicite el contexto desde el cual se investiga, como  única forma de crear un conocimiento objetivo. En palabras de de Donna Haraway (1988): “la objetividad feminista significa simplemente conocimiento situado”, un conocimiento encarnado donde las emociones y nuestro entorno social y material sean considerados parte inextricable de nuestra experiencia al investigar.

Sin embargo, no sólo el papel de las emociones en la producción científica es un aspecto crucial para desenmascarar el androcentrismo, sino que tal como reivindican varias autoras feministas, el propio estudio de las emociones es una cuestión capital para transformar las relaciones de género. Trabajos como los de Sara Ahmed (2004), Mari Luz Esteban (2011), Marcela Lagarde (2011) o James Jasper (2011) dan fe de ello, mostrándonos cómo la forma en que vivimos las emociones, las expresamos y las escondemos, está fuertemente condicionada por el género. Un hecho que podemos constatar al observar el  importante lugar que ocupan las emociones en el trabajo llevado a cabo por los movimientos feministas y LGTBI. Por ejemplo, resulta interesante observar cómo los movimientos LGTBI han trabajado en la transformación de la vergüenza en orgullo, o la manera en que los grupos de autoayuda feministas se enfrentan a la reparación de la vergüenza y el miedo asociados a las agresiones sexuales, cómo trabajan la violencia de género y su relación con el amor romántico o cómo gestionan sus reivindicaciones ante la represión y condena social de la ira femenina.

Por todo ello, reconocer a nuestros cuerpos, dejar de colocar a un lado las emociones e incluirlas en el centro de nuestras reflexiones parece una buena manera de comenzar a subvertir la razón patriarcal que tantos quebraderos de cabeza nos genera.

POR: SILVIA BELLÓN SÁNCHEZ

Para saber más:

AHMED, Sara. (2004). The cultural politics of emotions. Edinburgh: Edinburgh University Pres

EBBERSMEYER, Sabrina. (2012). Emotional Minds. Germany: Walter De Gmbh Gruyter.

ESTEBAN, Mari Luz. (2011). Crítica del pensamiento amoroso. Barcelona: Bellatera.

HARAWAY, Donna. (1988). ‘Situated Knowledges: The Science Question in Feminism and the Privilege of Partial Perspective.’ Feminist Studies 14.3: 575-599.

HARDING, Sandra. (1992). ’After the Neutrality Ideal: Science, Politics, and “Strong Objectivity”’ Social Research. Vol.59, No.3.

JAGGAR, Alison M. and BORDO Susan R. (1990). Gender/body/knowledge: feminist reconstructions of being and knowing. New Jersey: Rutgers Unversity Press.

JASPER, James M. (2011) ‘Emotions and Social Movements: Twenty Years of Theory and Research’. The Annual Review of Sociology. 37:285–30

KHUN, Thomas. (1962 [1971]). La Estructura de las Revoluciones Científicas. México: Fondo de Cultura Económica.

LAGARDE, Marcela. (2001). Claves feministas para la negociación en el amor. Managua: Puntos de Encuentro.

LlOYD,  Genevieve. ([1984] 1993). The Man of Reason: ‘Male’ and ‘Female’ in WesternPhilosophy. New York, Routledge.

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