¿Desarrollo o desarrollismo?

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Tal como describe el antropólogo Arturo Escobar (1992), hoy en día el desarrollo se ha convertido en un barómetro para definir la posición social y económica que ocupan los distintos países en las jerarquías mundiales. Muy a menudo oímos hablar de países desarrollados, en proceso de desarrollo o subdesarrollados, como una forma de describir qué posición de bienestar ostentan. Asimismo, bajo el rótulo de programas de desarrollo, instituciones internacionales y ONGs diseñan variados proyectos para mejorar el llamado Tercer Mundo. Pero, ¿qué es el desarrollo? ¿Quién lo define? ¿Qué ideologías y significados culturales se esconden tras este término? ¿Cuán ligado está a la tradición del colonialismo occidental? Como varios autores y autoras denuncian, el desarrollo se ha convertido en un fetiche, en un discurso muy poderoso liderado por los países occidentales que las demás naciones incorporan como el modelo dominante para mejorar sus economías (Dirlik, 2014: 30).

Después de más de 50 años de programas de desarrollo, las desigualdades sociales siguen aumentando, a la vez que un crecimiento económico insostenible está contribuyendo a desastres ecológicos con importantes consecuencias para el futuro de todas las criaturas vivientes.  ¿Qué estamos haciendo mal?

Para comenzar es importante comprender el origen del discurso del desarrollo. Éste, capitaneado por los poderes occidentales, es un discurso que nace y crece en un contexto histórico y geográfico muy concreto que debemos entender, puesto que aceptar el discurso del desarrollo dominante implica en muchos casos aceptar los principios neoliberales y el modelo económico del capitalismo. También, implica una forma concreta de entender las relaciones entre las personas y entre los seres humanos y la naturaleza basada en valores conectados con la Ilustración y las experiencias coloniales del mundo occidental.

Origen y contexto del discurso del desarrollo

De acuerdo con varios estudios el periodo de eclosión del discurso del desarrollo se puede situar después de la II Guerra Mundial, como una alternativa al comunismo (Dirlik, 2012; Braidotti et al., 1994; Escobar, 1992). El desarrollo basado en el ideal del crecimiento capitalista fue la narrativa propuesta por los países del primer mundo a los del tercer mundo, en oposición al segundo mundo, el este socialista. En este contexto el tercer mundo pasaba a ser entonces  el subdesarrollado sur, una escala jerárquica que se convierte según las palabras de Arturo Escobar en “una poderosa y hegemónica forma de representación” (1985:412). Las instituciones que en ese momento lideraban el discurso del desarrollo eran principalmente dependencias de la ONU, especialmente el PNUD y el Banco Mundial, y también el Fondo Monetario Internacional. Las primeras iniciativas en la década de los 60 estaban dirigidas a la industrialización de las ex-colonias, que además se planeaba que fueran reforzadas con programas de distribución de la riqueza y acceso a la sanidad y la educación. Sin embargo, la crisis económica de 1973, relacionada con el mercado del petróleo y la influencia de la neoliberal “School of economics”, bloqueó la parte social de los programas de desarrollo, en favor de un desarrollo orientado al libre mercado. La presión hacia los países deudores incrementó, empujándolos a una economía basada en un crecimiento rápido enfocado en el sector privado, tal como sugieren las líneas de acción del neoliberalismo. Las consecuencias de ese desarrollo no resultaron en un amplio mejoramiento de las vidas de las naciones “subdesarrolladas”, sino en muchos casos en el retroceso de su bienestar. Como el trabajo de  Braidotti, Charkiewicz, Hausler y Wiernega señala: “en muchos países del sur, la pobreza incrementó y los recursos naturales quedaron bajo una enorme presión para compensar la tirantez de la situación” (mi traducción, 1992:18).

Todo esto fue posible porque el discurso sobre el progreso, y por ende el desarrollo del que hablamos, está basado en el racionalismo y la eclosión de la ciencia y tecnología modernas, aspectos capitaneados por Europa mientras varias de sus naciones se encontraban en la cima de su expansión colonial. Las culturas y formas de conocimiento que las potencias coloniales encontraban en los “nuevos” mundos fueron categorizadas como inferiores, mientras la conceptualización de las personas indígenas como incivilizadas, salvajes o casi animales, justificó la explotación de miles de personas y sus recursos naturales,  permitiendo la creación de la Europa moderna, es decir, de la Europa del mercado global y la industrialización. El pensamiento europeo moderno con sus dualismos y jerarquías -cultura sobre naturaleza, razón sobre cuerpo, masculino sobre femenino- junto con la explotación colonial, se convirtió así en la base de un desequilibrado desarrollo que no hemos dejado de exportar.

La crítica al desarrollismo

La poderosa narrativa del desarrollo actual ha sido nombrada por las corrientes más críticas como desarrollismo. Algunas tesis, como la que mantiene Arif Dirilik, ven el desarrollismo como la ideología perfecta para legitimar el capitalismo (2014:31). A través de la idea de crecimiento económico infinito, el desarrollismo se convierte en un atractivo discurso que en el contexto de globalización neoliberal lanza a los países hacía una desesperada carrera sin fin. La devastación del medio ambiente y el incremento de los monopolios en la propiedad de recursos naturales (agua, agricultura y recursos fósiles), es decir, las tradicionales fuentes de subsistencia de enormes poblaciones rurales en muchas partes del mundo, es una de las más importantes consecuencias de este modelo de desarrollo. Vandana Shiva, una estudiosa inscrita en el movimiento ecofeminista, llama la atención sobre el hecho de que el 96% de las muertes causadas por desastres ecológicos en los últimos años se han producido en los países en vías de desarrollo (2010:17).  Asimismo, la sobreexplotación de los recursos naturales está empujando a enormes poblaciones rurales a emigrar hacia áreas urbanas, donde estas personas pasan a depender de un fluctuable y precario mercado laboral y donde sus necesidades de consumo se incrementan fuertemente. El modelo de desarrollo imperante es una ideología que favorece a la clase media y alta urbana, mientras el resto de “la gente y la naturaleza son transformadas en recursos para comerciar en los mercados globales” (Braidotti et al., 1994: 24).  Tal como varias feministas poscoloniales denuncian, en el llamado “Tercer Mundo” las mujeres, particularmente, mujeres pobres y de zonas rurales, son quienes sufren la peor parte de las consecuencias del desarrollo en sus países (Sunder Rajan y Park, 2000).

Ante este panorama, corrientes de pensamiento como el Ecofeminismo (Vandana Shiva), el Buen Vivir (Ileana Almeida) o el Decrecimiento (Serge Latouche) tratan de dar la vuelta al actual modelo de desarrollo dominante en un intento por parar esta suicida huída hacia adelante. No dejemos de escucharlas, pues puede ser que en ellas radique una posible solución al negro futuro al que nos aboca el desarrollismo.

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POR: SILVIA BELLÓN.

 

Bibliografía

Braidotti, Rossi; Chrkiewicz Ewa; Husler Sabine, Wiernega, Saskia (1994) Women, the Environment and Sustainable Development, Zed Books Ltd, London, UK.

Dirlik, Arif (2014) “Developmentalism”, en Interventions: International Journal of Postcolonial Studies, 16:1, 30-48.

Escobar, Arturo (1992) “Reflections on development” en Futures, June 1992, 411-436.

Huggan, Graham and Tiffin, Helen (2007) “Green Postcolonialism”, en Interventions: International Journal of Postcolonial Studies,  Vol.9 (1) 01-11.

Lazarus, Neil (2011), “What postcolonial theory doesn’t say”, en Race&Class, Vol. 53(1): 3–27.

Nadje Al-Ali and Nicola Pratt (2009) “Introduction: Women and War in the Middle East: Transnational Perspectives.” En: Nadje Al-Ali and Nicola Pratt (eds.), Women and War in the Middle East. Zed Books, pp. 1-31.

Sangeeta Ray (2004) “Postscript: Popular Perceptions of Postcolonial Studies After 9/11.” In: Henry Schwarz and Sangeeta Ray (eds.), A Companion to Postcolonial Studies. Wiley-Blackwell, pp. 574-583.

Shiva, Vandana (2010), Terra. Superar l’era del petroli, per una nova justicia ambiental, Tres  Quatre S.L. and Institut del Territori, Valencia, Spain.

Sunder Rajan, Rajeswari and Park, You-me (2004) ‘Postcolonial Feminism/ Postcolonialism and Feminism.’ Chapter 2 in Henry Schwarz and Sangeeta Ray (eds.). A Companion to Postcolonial Studies. Wiley-Blackwell,  53-71.

United Nations Development Programme.˙Human development Reports’. 30/01/2014 : http://hdr.undp.org/en/humandev.

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