Acerca de las utopías feministas

¿Es el feminismo una Utopía?

Tal y como plantea Rosa Capel el feminismo no es una utopía. No lo es porque no se basa en un plan, proyecto o doctrina que parezca totalmente irrealizable en el momento de su formulación. Las personas que creemos en proyectos feministas, confiamos en que nuestros fines son concretos y aspiramos a cumplirlos. A pesar de ello, es cierto que los obstáculos que surgen en nuestras sociedades para desarrollar dichos objetivos, nos llevan a ver las luchas feministas como si tuvieran un carácter a veces irrealizable. No obstante, es precisamente ese carácter complejo de la realidad que anhelamos, lo que motiva nuestra búsqueda, nuestros intentos por lograr aquello que se nos plantea como un desafío.

Utopias para caminar

Pero también sucede que cuando la realidad no ofrece un plano desde el que practicar aquello que deseamos, es lógico que se invente una ficción donde sí es posible. De hecho, no es ninguna novedad que la literatura, y el arte en general, guarde una conexión con las preocupaciones y reivindicaciones políticas del momento, pues se convierten en un medio desde el que batallar por lo que nos importa, un lugar desde el que interpelar a quienes observan expectantes. Ya lo hizo Tomás Moro al describirnos la isla Utopía en la obra homónima con la que inaugura el género utópico, aquel en el que se hace posible exponer ideales políticos y filosóficos sobre los que debería basarse la sociedad perfecta.

Ubicacion-de-la-isla

¿De qué manera ha aprovechado este medio el feminismo? ¿Se han escrito Utopías feministas? Por supuesto que sí. En este post me gustaría acercaros brevemente a estas cuestiones a través de un breve análisis de la novela Herland, una de las obras más representativas de este género literario.

No habrá utopía para las mujeres

Tal y como explica Elaine Hoffman (1984), la mayoría de utopías inglesas y estadounidenses ofrecen una representación de las mujeres que no comporta ninguna mejora en sus condiciones de vida. Aunque los escritores utópicos estructuren sus sociedades mediante propuestas innovadoras desde el punto de vista económico, religioso y político, en sus ficciones no hallamos el mismo interés por las relaciones igualitarias entre mujeres y hombres. Parece que no existe la posibilidad de una utopía para nosotras, ni siquiera en estos mundos alternativos.

Por otra parte, la representación de las mujeres dentro de las utopías clásicas, generalmente tiene mucho que ver con su rol de acompañante o su papel secundario en un mundo completamente masculino. Por tanto, de su ausencia como sujeto en las utopías escritas por hombres, las mujeres empiezan a escribir las suyas, dando vida a narraciones en las que tratarán de reapropiarse del género literario utópico masculino para criticar, entre otras cosas, el sistema patriarcal. Por ello, la Utopía, abierta y flexible, ha sido de gran utilidad para autoras feministas, pues ha permitido desarrollar modelos culturales diferentes y capaces de representar un futuro mejor para muchas de ellas.

Así, de la mano de Cristhine de Pizan (La Ciudad de las Damas, 1404), Sarah Scott (A Description of Millenium Hall, 1762) o Charlotte Perkins Gillman (Herland, 1915) la literatura producida en occidente nos ha dejado varias obras que logran enlazar elementos clave de la crítica feminista con viajes, aventuras y otros mundos imaginarios.

También son interesantes otras escritoras, como Úrsula K. LeGuin u Octavia Butler, que desde el género distópico o la ciencia ficción, han puesto en evidencia las contradicciones de un mundo machista y las desigualdades basadas en la raza o la sexualidad.

A pesar de que estas obras pertenecen a autoras que forman parte de contextos y problemáticas distintas, muchas de ellas presentan algunas constantes que nos permiten hablar de un género utópico feminista y de mujeres. La preocupación por la educación, la economía, el uso de las tecnologías, la relación de los seres humanos con la naturaleza, la sexualidad o la religión, son algunos de los puntos que aparecen con más frecuencia en esta literatura y a partir de los cuales se va dando forma a la crítica contra las sociedades patriarcales.

Herland

Herland, de Charlotte Perkins Gilman, es una novela muy interesante, pues a pesar de algunas de las críticas que ha recibido su autora, y sobre las que me detendré más adelante, aúna muchos de los elementos que se han identificado en las utopías feministas clásicas. La obra relata el viaje de tres exploradores hasta una tierra habitada y gobernada exclusivamente por mujeres. Al llegar a este territorio, los tres aventureros son recibidos por las habitantes de Herland, que tratarán de enseñarles su idioma y explicarles el funcionamiento de su sociedad. Así vamos descubriendo el mundo que construye Perkins, una comunidad creada por mujeres en la que ha logrado eliminarse cualquier foco de conflicto y violencia, el trabajo es colectivo y la reproducción humana tiene lugar a través de la partenogénesis. El choque cultural que padecen los tres hombres al llegar a este nuevo mundo es mucho más que evidente, y sin duda, el mayor recurso de la autora para resaltar las contradicciones que encierra la sociedad estadounidense de principios del siglo XX.

herland

Debido a ello, no es casual que en esta ficción, cuando las herlanders describen su mundo a los recién llegados, hagan tanto énfasis en la educación y el aprendizaje como motores de una sociedad más justa, temas que el feminismo ha abordado de sus inicios al plantear la instrucción como la base para lograr la emancipación de las mujeres. Por otro lado, y en oposición a la cultura occidental, en Herland se enfatiza la importancia de una educación basada en la creatividad y la colaboración, criticando la pedagogía típica de sistemas educativos occidentales, altamente jerárquica y competitiva.

Otro rasgo curioso de Herland, y en el que hallamos una clara conexión con las teorías feministas, es el hecho de que esta sociedad tiene un idioma propio e inventado por las mujeres, sin el cual los tres visitantes no podrán comunicarse con ellas. Charlotte Perkins, plenamente consciente del poder del lenguaje a la hora de moldear y reflejar los principios sociales, atribuye este poder a sus protagonistas, al tiempo que les da la oportunidad de reconstruir su propia experiencia con palabras incontaminadas y alejadas de valores patriarcales.

No obstante, esta novela también encierra sus polémicas, que en este caso giran en torno a todo lo relacionado con la sexualidad y la maternidad de las herlanders. La cuestión de la partenogénesis tiene un indudable valor simbólico en el relato, que no es otro que reforzar la autonomía de las mujeres y su poder creativo al margen de mediaciones externas. Sin embargo, esta capacidad reproductiva aparece acompañada de una ausencia total de sexo en la novela, lo que implica que la autora evita directamente la cuestión de la sexualidad, y que al hacerlo en una ficción habitada únicamente por mujeres, podría estar reproduciendo los esquemas heterosexistas y normativos de occidente. Este hecho, unido a la descripción de las herlanders, todas ellas de raza blanca y perfectamente ajustadas a los parámetros de la cultura occidental, han sido los puntos que más críticas han despertado en esta obra. Bernice Hausman, investigadora y teórica feminista en la Universidad de Virginia, alerta sobre el peligro de esta ficción y cómo de alguna manera ha podido contribuir a las ideas eugenésicas y racistas presentes en Europa en el momento de su publicación.

Al margen de nuestras sospechas, en las que también deberíamos tener en cuenta la situación personal de la autora y su posible temor a recibir acusaciones por dibujar un mundo abiertamente lésbico, Herland es sin duda una buena crítica al patriarcado y a muchos de los valores de las sociedades occidentales y capitalistas. Además de las cuestiones que ya he mencionado, la obra repasa otros aspectos que se han construido como piedra angular de nuestras culturas, tales como las religiones monoteístas y basadas en el castigo eterno, la violencia o el individualismo. Ya la misma sociedad que se describe en estas páginas, al asentarse sobre una organización comunitaria y una idea de poder basada en la cooperación y en la participación, esconde una crítica a la idea de progreso que inspiró el darwinismo social, doctrina muy extendida en los años 20 y que aboga por la “ley del más fuerte”.

Por todo ello, y aunque estemos de acuerdo con críticas como las de Bernice Hausman, os recomiendo que os dejéis acompañar por esta agradable novela. Creo que su lectura puede ser muy interesante para reflexionar sobre la vigencia que tienen las palabras de Charlotte Perkins en nuestros días y quizá, por qué no, sobre qué tipo de utopías feministas nos gustaría escribir hoy, cien años después a la publicación de Herland. ¡Buena lectura!

POR: PAULA PÉREZ SANZ

REFERENCIAS

Hoffman, Elaine y Rohrlich, Ruby. (1984). Women in search of utopia: mavericks and mythmakers. New York: Shocken Books.

3 comentarios en “Acerca de las utopías feministas

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