Por qué nos gusta Masters of Sex

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La mayoría habrá escuchado alguna vez sobre el libro La Respuesta Sexual Humana de Masters and Johnson publicado por primera vez en 1966, este estudio fue el hito que abrió las puertas para una nueva disciplina científica: La Sexología. Campo que hasta la publicación de este texto estaba siendo desarrollado sólo de manera teórica y fuertemente limitado por las constricciones morales y sociales de la época. Discutir abiertamente sobre la sexualidad humana era, aún en la década de los sesenta, considerado inmoral y su sola mención generaba todo tipo de reacciones, desde el más abierto rechazo, hasta una apasionada curiosidad.

Pero Masters y Johnson son un equipo de investigación que se destaca no sólo por abordar un tema que para la época resultaba increíblemente provocativo, sino también porque Máster y Johnson son en realidad William Howell Masters y Virginia Eshelman Johnson, en otras palabras, un equipo científico formado por un hombre y una mujer, provenientes a su vez de diferentes ramas de la investigación. Master ejercía la medicina obstétrica y ginecológica y Virginia Johnson era psicóloga. Estos dos hechos nos dan una idea de lo doblemente revolucionario de este trabajo, ya que aparece como una de las primeras investigaciones que incorpora la perspectiva femenina al tema de la sexualidad humana, al menos desde el punto de vista de la investigación, y por otro lado, es un trabajo multidisciplinar que incluye la importancia de las emociones de los y las participantes del estudio en la interpretación de los resultados obtenidos durante la observación empírica de fenómenos fisiológicos.

Otra de las características que hacen de Virginia Johnson y William Masters personajes atractivos es que su investigación, como antes señalo, estuvo basada en la observación directa de los fenómenos fisiológicos que se dan durante el acto sexual, tanto en el coito, como durante la masturbación, y a su vez desarrollaron protocolos y herramientas para estimular el placer sexual y el orgasmo femenino y masculino. Este proceso de investigación empírica se inició con la observación de prostitutas, luego con parejas heterosexuales blancas que participaban como voluntarias, con sujetos con diversas “disfunciones” sexuales y por último con sujetos homosexuales: toda una línea de investigación que ayudó a erradicar, al menos dentro de ciertos círculos científicos, creencias que no tenían más base que el prejuicio y la ignorancia. Todos estos antecedentes nos puedeDFPC63429_granden dar una idea del porqué el proceso de la investigación sobre la sexualidad humana y en especial sus protagonistas, Virginia Johnson y William Masters, han sido recreados primero en la novela Masters of Sex de Thomas Maier, y más recientemente en la serie de televisión que lleva el mismo nombre de la novela.

La serie de televisión es sin duda una ficción y no representa de manera verídica la vida de Virginia Johnson y William Masters ni su trabajo científico. Como cualquier producto televisivo comercial explota el potencial dramático de estos personajes y su historia, por lo tanto es casi obvio que la serie ponga gran parte de la atención en las relaciones humanas, especialmente en la relación “romántica” entre Virginia y William (Bill).

Hasta aquí no parece que haya algo interesante que decir sobre la serie, sin embargo, cuando la empecé a ver rápidamente me di cuenta que había algo diferente: por un lado la construcción psicológica de los personajes y las relaciones que establecen es de una complejidad exquisita, nada de clichés ni de estereotipos, aquí vas a encontrar personajes que se acercan incómodamente a personas reales, no son ni buenos ni malos, no son egoístas o generosos, no son fuertes o débiles, no son ni héroes ni villanos, los personajes reaccionan dependiendo lo que les sucede, de lo que han aprendido, de lo que les ha marcado, de sus metas, de sus necesidades, en resumen de manera humana, a veces de forma incluso errática, o simplemente tratando de mantenerse a flote, y con esa misma complejidad van construyendo sus relaciones. Por eso la serie no tiene demasiada acción y se preocupa más del desarrollo de estas relaciones y de que podamos entrar profundamente en la psicología y emociones de los personajes.

Por otro lado, los temas que se abordan en la serie son bastante interesantes y se tocan de una manera inteligente y efectiva. Temas como la maternidad, la homosexualidad, la disfuncionalidad sexual, el transgénero, la masculinidad y la feminidad, la familia, la normalidad, el amor, la emancipación femenina, etc. El que la serie se ambiente en los años 60 y 70 nos permite ver cómo eran abordados estos contenidos en esa época y cómo ha cambiado el mundo en las últimas cinco décadas, pero también nos deja ver qué cosas permanecen iguales.

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Los personajes femeninos

Otro aspecto realmente interesante de la serie es la manera en la que se representa a las mujeres. Hay una gran diversidad de personajes femeninos, de diferentes edades, clases sociales y en distintas situaciones vitales, pero sin importar quienes sean o que quieran en la vida, ninguna de las mujeres que se nos presentan es pasiva, todas están dispuestas a hacer que las cosas sucedan, a no quedarse sentadas esperando que su vida pase o que alguien (un hombre) les solucione sus problemas. Las mujeres de Masters of Sex pueden parecer a veces unas locas o unas malditas, pueden parecernos tontas o patéticas, pero nunca van a parecernos unas pobres víctimas.

Virginia Johnson se nos presenta como una mujer esplendida, bella, segura, inteligente, carismática, desprejuiciada, decidida, etc. Una mujer que cría sola a sus dos hijos, trabaja y está dispuesta a poner su vida personal en segundo plano para alcanzar sus metas profesionales. Sin embargo, lo interesante es que al mismo tiempo se ve que detrás de esa coraza de súper mujer (con la que muchas se pueden identificar), se ve a Virginia viviendo en la eterna problemática que representa ser mujer, madre, profesional y sujeto: tiene problemas domésticos y económicos, vive corriendo para cumplir con los demás y con ella misma, la martiriza la culpa de no prestarle demasiada atención a sus hijos, comete errores, a veces el ego la domina, en ocasiones es manipuladora, egoísta, y otras veces se desborda. Y a pesar de todo un discurso y unas acciones que la perfilan como “la mujer emancipada”, la vemos también cayendo en diversas ocasiones en la tentación del amor romántico; aunque también vemos como sale de esas fantasías por propia voluntad o por desencanto- y por último, pero no menos importante, la vemos estableciendo amistad y lealtades con otras mujeres. La vemos también en su relación madre-hija, ocupando ambas posiciones, en su relación con su ex esposo y en su relación profesional-sentimental con Bill Masters, la cual es un permanente juego de poder. En pocas palabras, Virginia Johnson es un personaje femenino increíblemente complejo, con muchísimos matices y evoluciones, un personaje que presenta un tipo de mujer, que sin dejar de ser representante del género femenino y estando inmersa en una sociedad en la que los roles de género están muy marcados, aparece principalmente como un sujeto, su importancia en la historia no depende de ningún otro personaje, ni de ninguna circunstancia especial, es una sujeto que se alcanza a sí misma y está compuesta por una infinidad de roles y relaciones que la definen de diversas maneras en diferentes momentos de su vida.

En el otro extremo, tenemos a Libby Masters, la hogareña y dulce esposa de Bill para quien lo más importante es la maternidad. Libby después de descubrir que ha sido engañada y que la razón de no haber engendrado hijos en su matrimonio no es que ella tenga un problema, sino que su esposo es infértil, decide tomar cartas en el asunto e inseminarse artificialmente con el esperma de su esposo, sin su consentimiento. Ella decide que tener un hijo es más importante que su marido y por eso está dispuesta a pagarle el engaño con otro engaño, imponiéndole la paternidad. Para Libby la familia y los hijos son lo más importante, incluso por sobre el amor o la felicidad personal, y en este sentido, Bill no es más que un medio para tener ambas cosas. Libby está dispuesta a hacer que su familia funcione, aunque para ello tenga que vivir en una mentira, aunque tenga que aliarse con Virginia (la amante de su marido) o tenga que renunciar a otros hombres a los que ha amado. Libby Masters va a representar a la típica mujer conservadora de clase media, la esposa perfecta de los suburbios, pero nos va a mostrar también como esa vida perfecta en la superficie implica unos costos personales que son difíciles de sobrellevar, por eso Libby en varias ocasiones está al borde del colapso nervioso, del cual escapa a través de aventuras con otros hombres, el alcohol, los ansiolíticos, el comportamiento abusivo con la niñera de color, etc. Representa a la mujer que sufre del famoso “mal sin nombre” retratado en el libro La Mística de la Feminidad de BETTY FRIEDAN. Pero lejos de ser la rubia tonta, Libby es la rubia que se hace la tonta, pero que sabe muy bien, demasiado bien qué pasa, pero tiene miedo de que el mundo rosa se caiga a su alrededor si los demás se dan cuenta de que ella no es la tonta y buena ama de casa que todos creen que es.

Otros personajes femeninos interesantes son la Dra. Lillian DePaul (creadora del examen para detectar el cáncer de útero tempranamente), Margaret Scully, Betty DiMello, Jane Martin y Tessa Johnson, todas dignas de ser analizadas en profundidad, tarea que dejo pendiente.

Entonces, ¿por qué nos gusta Masters of Sex? Bueno, principalmente porque en un universo de contenidos audiovisuales (cine, televisión, publicidad, etc.) donde existen pocos personajes femeninos que desafíen los estereotipos convencionales o que representen tipos diversos e interesantes de mujeres y no meras extensiones de sus relaciones con los personajes masculinos o sus roles de género, resulta refrescante encontrar este tipo de producción.

Una serie que, por un lado construye una historia que no es necesariamente “para mujeres” y que toca de manera crítica la sexualidad y los roles de género, incluso cuestionando la masculinidad y que por otra parte, presente a personajes masculinos y femeninos, de manera equilibrada en cuanto a su profundidad, protagonismo y en la forma en la que se dan las relaciones de género, relaciones que van más allá de las románticas.

Nos gusta porque es un ejemplo de que se pueden hacer producciones comerciales no sexistas, inteligentes y críticas y eso es lo que queremos, queremos entretenernos pero no lobotomizarnos y queremos ver mujeres con las realmente nos guste identificarnos por su interés y su diversidad.

Texto: Rocio Cano

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