Aphra Behn, escritora y espía.

«Todas las mujeres debieran poner flores en la tumba de Aphra Behn, porque fue la que ganó para ellas el derecho a expresar lo que piensan»

Una habitación propia, Virginia Woolf

Aprovechando el aniversario de su muerte, hoy dedicamos un espacio a una figura muy especial, la de la novelista Aphra Behn, que tal y como señalan muchas de sus biografías, fue una de las primeras mujeres en ejercer la profesión de escritora en la Inglaterra de la Restauración.

Transgresora en un contexto marcadamente patriarcal y que no concebía que las mujeres pudieran desempeñar esa profesión, Aphra Behn tuvo una obra muy prolífica, dedicándose a la novela, la poesía y el teatro. Además de la escritura, ejerció el espionaje en Amberes, siendo informadora en la corte del rey Carlos II.

Aphra Behn

Aphra Behn

Su profesión como escritora la llevó a protagonizar numerosos escándalos, no sólo por ser una mujer que vendía su trabajo, deshonra equiparable al ejercicio de la prostitución, sino por dedicar gran espacio en sus obras a la sexualidad y el placer de las mujeres. La determinación de esta autora y la capacidad que demostró para ser una persona autónoma, dando rienda suelta a la sensualidad y a las críticas al matrimonio en varios de sus textos, incomodaron a la sociedad de su tiempo, sobre todo a muchos hombres, que al igual que ella, trataban de ganarse la vida con la escritura. Por todo ello, recibió acusaciones que la señalaban como artífice de plagios o como una mujer de moral dudosa.

Aphra Behn nace en el año 1640 en el condado de Kent, situado al sureste de Londres. Hija de un barbero inglés, se traslada con toda su familia a la entonces colonia francesa de Surinam, donde pasó su infancia y su adolescencia y fue capaz de presenciar escenas y revueltas antiesclavistas, que posteriormente marcarán parte de su obra literaria. Al caer este territorio en manos de la corona holandesa, Aphra volvió a Inglaterra, donde se casó con un comerciante holandés. Tras enviudar a los tres años de matrimonio, su marido le dejó como legado un apellido y un sinfín de deudas económicas, que la animaron a dedicarse a la literatura, viendo en ella un recurso con el que salir adelante.

Durante la segunda guerra anglo-holandesa, en 1665, fue reclutada como espía para la corte del rey Carlos II. Aphra se trasladó hasta Amberes, donde bajo el nombre falso de Astrea, logró conseguir valiosa información sobre cuestiones políticas y militares.

A su vuelta a Inglaterra, una vez finalizada la guerra, su situación económica seguía siendo compleja, por lo que se vio empujada a continuar dedicándose a la literatura.

A pesar de que su actitud narrativa provocaba críticas y acusaciones, nada le impidió escribir Oronooko, una de las novelas que más éxito le ha brindado y que resulta muy interesante por el papel que ella misma juega dentro del relato.

OronookoOronooko o el esclavo real, una historia verdadera, en la que la autora narra la historia de un príncipe procedente de Ghana y su trágica historia de amor con la hija de un general africano, la joven Imoinda. Ambos personajes, habitantes del reino de Coramantien, mantienen un romance que se complica cuando el rey se enamora de Imoinda, que le rechaza y manifiesta su amor por Oronooko. El monarca, completamente enfurecido, decide vender a ambos como esclavos, por lo que serán trasladados y obligados a trabajar en las plantaciones de algodón de la colonia inglesa de Surinam. Tras reencontrarse en este nuevo territorio y participar en varias revueltas contra los colonos, Oronooko decide asesinar al gobernador y seguidamente a la joven Imoinda, para evitar así la humillación y la tortura a la que esta podría ser sometida en represalia por sus actos. La novela finaliza con la muerte del propio Oronooko a manos de los colonos.

El texto merecería un análisis detallado, pues está lleno de elementos y matices que nos invitan a reflexionar sobre cómo la autora juega con las categorías de género, clase y raza en la Inglaterra de la Restauración, creando un espacio literario que difumina la delgada línea entre realidad y ficción y le permite escapar a las imposiciones y mandatos de la sociedad de su tiempo.

Sin embargo, nos interesa especialmente destacar cómo la propia Behn, al defender la veracidad de los hechos y situarse como narradora y personaje dentro de la obra, logra presentarse ante sus lectoras/es como una mujer intrépida y viajera, capaz de presenciar y denunciar con su pluma y su nombre las injusticias de la esclavitud. También las detalladas descripciones sobre el cuerpo y la belleza de Oronooko sitúan en un primer plano su propio cuerpo y sus apetencias sexuales, desafiando los prejuicios propios de la época con respecto a las mujeres europeas que viajaban a las colonias.

Un año después de la publicación de Oronooko, Behn fallece en Londres, y a pesar de los escándalos, fue sepultada en la Abadía de Westsminster, dada la gran fama que alcanzo y su demostrada inteligencia. El epitafio de su lápida, escrito por uno de sus amantes, John Hoyle, nos dice a modo de recordatorio: “Aquí yace la prueba de que el ingenio nunca puede ser suficiente defensa contra la inmortalidad”.

Con esto, queremos hoy recordar su persona y animaros a leer Oronooko, pues además de ser un testimonio interesante sobre la esclavitud en la colonia de Surinam, es una posibilidad de acercarse a la fascinante vida de una mujer que se atrevió a renegociar sus posiciones de género y a denunciar las aberraciones propias de un sistema colonial. ¡Buena lectura!

POR: PAULA PÉREZ SANZ

Fuentes

http://www.siruela.com/archivos/fragmentos/extracto_oroonoko.pdf

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